La tarde entrega sus sombras,
el caminante las guarda
en su equipaje.
Los rieles quietos, esperan
un tropel de vagones, cicatrices y
lenguas de sed,
que penetren el invierno y
amanecer rumbo al sur.
Rios de venas nuevas, abiertas
justo al nacer
en busca de un mar.
Bandadas del horizonte,
una orfandad implacable
siempre sabe donde ir.
En la costa ya se agitan
la roca y el fuego,
la mùsica parte la noche
desde lo hondo
tribal.
El caminante entrega su sombra
puliendo aceros, solo
con su paladar
de apetito bravìo, de costas y labios,
incendios, trueno y silencio.
Una flecha arquea la esfera
de sangre negra,
por las arenas de los verdugos.
Un canto redondo, cruel y nocturno
arremolina fugitivos en camiseta y
los reune en el fuego
frente al mar.
Lejos del horizonte diurno:
que la civilizaciòn amaba.-
Juan Siri. Mar del Plata.
viernes, 26 de diciembre de 2008
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1 comentario:
Ojalá pudiese resurgir tu blog, tus poemas son maravillosos.
Un abrazo fuerte.
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